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La creación de distintivos ambientales por parte de la DGT tiene como objetivo clasificar a los vehículos en función de su eficiencia energética, teniendo en cuenta su impacto medioambiental y mejorar la calidad del aire, especialmente en las grandes ciudades.

El objetivo es establecer una clasificación que discriminara los vehículos más respetuosos con el medio ambiente, y crear una herramienta para que los ayuntamientos puedan desarrollar políticas para la reducción de emisiones en sus territorios. Dichas políticas pueden ser tanto de restricción de tráfico para los vehículos considerados más contaminantes, como de incentivación al uso de modos de transporte más eficientes.

Fruto de esta estrategia se han creado las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) en ciudades como Barcelona o Madrid. Se trata de áreas en las que, de forma genérica, se ha restringido la circulación de vehículos más contaminantes, aunque cada ayuntamiento tiene potestad para determinar cuáles pueden circular o no por dichas áreas.

Tipos de etiquetas de la DGT

Para el nivel de respeto al medio ambiente de cada vehículo, se estableció una escala con 4 tipos de etiqueta: B (amarilla), C (verde), ECO (verde/azul), CERO (azul).

  • Etiqueta CERO (azul): es para los vehículos 100 % eléctricos de batería (BEV), los eléctricos de autonomía extendida (REEV), los híbridos enchufables con más de 40 km de autonomía eléctrica y los vehículos de hidrógeno o pila de combustible. En definitiva, son aquellos vehículos que, en un uso diario convencional, se desplazan sin emitir sustancias nocivas a la atmósfera.
  • Etiqueta ECO (verde/azul): esta etiqueta le correspondería a todos los vehículos que cumplan con los requisitos de la etiqueta C, y que además incorporen algún tipo de hibridación, sea eléctrica, de gas natural (GNC o GNL) o de gas licuado del petróleo (GLP). En cuanto a los híbridos eléctricos, entrarían todos los enchufables con autonomía en modo eléctrico inferior a 40 km, los híbridos no enchufables (con cierta capacidad de propulsión eléctrica) y los coches de hibridación suave (mild-hybrid o MHEV). Estos últimos son vehículos que cuentan con algún tipo de sistema eléctrico, normalmente alimentado por una red de 48 V, que reduce la carga de trabajo del motor de combustión, de forma que este realiza menos esfuerzo y con ello disminuye su consumo y por tanto las emisiones. Los coches híbridos a gas se caracterizan por su capacidad para funcionar indistintamente con gasolina o GNC/GNL o GLP. Montan depósitos separados para cada tipo de combustible y su sistema de alimentación está preparado para cambiar automáticamente o a voluntad del conductor.
  • Etiqueta C (verde): le corresponde a los turismos y furgonetas gasolinaEuro 4, Euro 5 o Euro 6 (matriculados a partir de enero de 2006) y diéselEuro 6 (desde 2014). Como en el caso anterior, un coche de gasolina matriculado en 2005 podría cumplir con la normativa exigida a partir de 2006, con lo que se le podría haber asignado una etiqueta amarilla, y su propietario tendría que reclamar para que se le entregara la verde.
  • Etiqueta B (amarilla): como norma general, tienen la etiqueta amarilla los turismos y furgonetas ligeras de gasolina matriculados desde enero de 2001 y diésel a partir de 2006 (En principio los anteriores a esas fechas no tendrían derecho a etiqueta). Hay que tener en cuenta que lo que se valora realmente es que los turismos y comerciales ligeros de gasolina estén homologados bajo la normativa de emisiones Euro 3 y los diésel con la Euro 4 o Euro 5. De manera que podría darse el caso de que un gasolina matriculado antes de enero de 2001 cumpliera con la norma requerida y, por consiguiente, tuviera derecho a obtener la Etiqueta B.

¿Qué coche me conviene en función de la etiqueta de la DGT?

Esta clasificación de los vehículos ha traído como consecuencia una gran incertidumbre sobre qué coche es el más conveniente para cada uno. Afortunadamente, eso ha obligado a los usuarios a tomar conciencia del uso real que hacen de sus vehículos para tomar una decisión más acertada.

Pese a que en la inmensa mayoría de carreteras y poblaciones no existen todavía restricciones a la circulación, lo cierto es que, por edad, la vida útil de muchos de los coches sin distintivo ambiental está cerca de llegar a su fin. Por tal motivo, y porque los coches más modernos incorporan también sistemas de seguridad más evolucionados, como norma general es preferible optar por un coche con etiqueta.

A día de hoy, la etiqueta B amarilla permite circular sin problema por zonas con mayor densidad de tráfico como son las grandes ciudades y de momento no hay diferencia con los vehículos con etiqueta verde en la mayoría de municipios. Ahora bien, ya se están desarrollando medidas para seguir reduciendo las emisiones causadas por el tráfico rodado. Una de ellas es la obligación, para las poblaciones de más de 50.000 habitantes, de crear una ZBE, aunque luego será cada ayuntamiento el que decidirá qué vehículos pueden circular por ella. Otra y una de las que se barajan es la de limitar la circulación de los coches con etiqueta B, del mismo modo que los que no tienen etiqueta. Aunque se encuentren en perfecto estado, en ciudades como Barcelona su uso también quedará relegado a las noches y los fines de semana.

Por lo tanto, si la intención es conservar el vehículo unos cuantos años, para evitar las restricciones que puedan llegar a corto plazo es recomendable optar por un coche que tenga, como mínimo, la etiqueta C verde. Esta sigue siendo la más común a día de hoy y es también la que puede servir de referencia a la hora de decidir qué coche comprar. La principal variable a tener en cuenta en primer lugar sigue siendo la “de toda la vida”: o gasolina o diésel. Y el factor determinante para decantarse por uno u otro combustible son los kilómetros que se van a realizar cada año. A igualdad de prestaciones y equipamiento, los coches diésel son siempre más caros que los gasolina, porque sus motores requieren componentes muy avanzados y de gran precisión. Cuentan con sistemas de reducción de emisiones que los hacen, en muchos casos, más eficientes que los gasolina y, pese a ello, siguen consiguiendo consumos más bajos. Por ese motivo, y a pesar de que el precio de los combustibles se ha igualado, los diésel siguen siendo la opción más recomendable para aquellos usuarios que hacen muchos kilómetros al año (por lo menos unos 30.000 km anuales).

Conducir un coche con etiqueta ECO podrá representar una ventaja a medio plazo, por lo menos donde las zonas de bajas emisiones limiten el acceso a los vehículos que no cuenten con una propulsión híbrida o 100 % libre de emisiones. Sin embargo, es importante tener presente que hay una gran diferencia entre los diferente tipos de coches “eco”.

Los híbridos de gasolina y gas son una buena alternativa a los diésel con etiqueta C. La combustión del gas es menos contaminante que la de la gasolina y el precio del combustible es más asequible. Además, al contar con un depósito para la gasolina y otro para el gas la autonomía suele ser también mayor, aunque hay que tener presente que no todas las gasolineras cuentan con un surtidor de GLP, y que la distribución de GNC y GNL, normalmente en gasineras específicas, es mucho más limitada, por lo que conviene planificar bien los viajes largos.

Los vehículos con hibridación suave (MHEV), tanto en gasolina como diésel, son la opción más cercana a los coches convencionales. Su funcionamiento y su conducción es muy similar y, al llevar la etiqueta ECO, hoy no están expuestos a las restricciones de las grandes ciudades.

Los coches híbridos eléctricos (Full-Hybrid o FEV) son la solución ideal para quienes hacen gran parte del kilometraje en entorno urbano y no tienen a su disposición una toma de corriente. Combinan un motor de gasolina o diésel con otro motor eléctrico, el cual les permite desplazarse sin emisiones en recorridos cortos. La batería se recarga con las deceleraciones y frenadas, frecuentes conduciendo en ciudad, de ese modo se optimiza el consumo de combustible y se reducen las emisiones.

Los vehículos híbridos enchufables (PHEV) son conceptualmente muy parecidos a los híbridos a secas, pero cuentan con una batería de mayor capacidad y un enchufe para recargarla mientras se encuentran aparcados. Si contamos con un cargador en un punto habitual de estacionamiento, son la alternativa para quienes suelen hacer trayectos urbanos o, incluso, interurbanos cortos. Su motor de combustión entra en funcionamiento en momentos de mayor exigencia o cuando la batería se agota. Eso condiciona su eficiencia, ya que sin autonomía eléctrica el propulsor tiene que seguir moviendo el coche y cargando la batería, lo que acaba penalizando los consumos y las emisiones en los desplazamientos más largos.

Los coches con etiqueta 0 azul son, a día de hoy, la mejor opción para reducir las emisiones en las ciudades. De los tres tipos considerados actualmente, los PHEV con más de 40 km de autonomía en modo eléctrico funcionalmente serían exactamente iguales a los que tienen etiqueta ECO, salvo por el hecho de que permiten hacer desplazamientos algo más largos. Por lo demás, mantienen las mismas ventajas e inconvenientes.

Los coches con batería, 100 % eléctricos, no emiten sustancias contaminantes a la atmósfera. La conducción de estos vehículos es excepcionalmente cómoda, gracias a un motor eléctrico que responde de inmediato al acelerador y la ausencia del ruido del motor de combustión. Los eléctricos de última generación ofrecen cada vez mayor autonomía, incluso superior a los 400-500 km o más, aunque la duración de la batería se ve muy influida por las condiciones de la conducción. También es importante planificar detalladamente los viajes largos. Como en los híbridos, cuando mayor kilometraje se realice en tramos urbanos mayor aprovechamiento de la batería.

Los coches propulsados por hidrógeno emiten vapor de agua, con lo que tampoco contaminan. Aprovechan la reacción química entre el hidrógeno y el oxígeno en el interior de una pila de combustible para generar la electricidad que se use para desplazarse. Es una tecnología por la que están apostando varias marcas, aunque tiene el inconveniente principal de que todavía hay muy pocos puntos donde repostar hidrógeno.