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Los ADAS (siglas en inglés de “sistemas avanzados de ayuda a la conducción”) son la última generación de dispositivos relacionados con la seguridad en el automóvil. Los primeros comenzaron a implementarse en coches de gama alta a partir del año 2012 y su eficacia ha hecho cada vez estuvieran presentes en modelos más populares. Tanto es así, que desde el 6 de julio de 2022, en Europa muchos de ellos son obligatorios para los coches de nuevo lanzamiento, obligación que se hará extensiva a todos los coches de nueva matriculación a partir de julio de 2024.

A pesar de que la seguridad ha sido siempre un aspecto muy tenido en cuenta a la hora de desarrollar un coche, durante muchas décadas su evolución estuvo centrada sobre todo en la evolución de componentes ya conocidos. Desde los neumáticos a las suspensiones, pasando por los frenos, aparte del diseño de los chasis o la invención de los cinturones de seguridad, las mejoras en esta área tal vez destacaban menos que la potencia creciente de los motores, cuya sonoridad y prestaciones eran los que despertaban pasiones y, salvo alguna excepción, fueron los principales argumentos de venta para muchas marcas durante mucho tiempo.

No fue hasta la irrupción masiva de la electrónica en el automóvil cuando la seguridad dio un salto exponencial en todas sus áreas. Por ejemplo, entre los sistemas de seguridad activa destacó la incorporación del antibloqueo de frenos ABS, que permite mantener la trayectoria del vehículo en una frenada de emergencia. Junto al control de tracción ASR, permitió el desarrollo del control electrónico de estabilidad ESC (o ESP), capaz de frenar de forma selectiva cualquiera de las ruedas cuando se detecta una pérdida de control del vehículo, hasta llegar a detenerlo de ser necesario. Por su parte, los sistemas de seguridad pasiva como los pretensores de los cinturones de seguridad o, sobre todo, los airbags, contribuyen a reducir las consecuencias de un accidente cuando ya es inevitable, complementando así a las estructuras de los propios vehículos, construidas con aleaciones de diversos tipos de metales y diseñadas de forma estratégica para conformar zonas de deformación programada, que absorben mejor la energía de un impacto.

La gran mayoría de estos sistemas de seguridad ya se montan de serie en todos los coches nuevos disponibles en el mercado. Desde hace años son obligatorios el ABS y el ESP, los airbags frontales, el aviso de cinturones delanteros desabrochados (los traseros desde este mismo año), los anclajes ISOFIX para sillitas infantiles, las luces diurnas o el sistema de control de presión de los neumáticos, además del sistema E-call de llamada automática de emergencia en caso de accidente, y son en gran medida responsables del notable descenso de la siniestralidad y de víctimas en las carreteras en las últimas dos décadas. No en vano, todos ellos tienen algo en común: reaccionan ante situaciones de pérdida de control del vehículo para permitir recuperarlo a quien lo conduce o, de no ser posible, protegiendo mejor a los ocupantes cuando se produce un accidente.

Los ADAS, la nueva generación de seguridad en el automóvil

Como sistemas avanzados de asistencia a la conducción, los ADAS representan una interpretación más evolucionada de lo que es la seguridad en el automóvil, y aportan en algunos casos soluciones que facilitan la actividad de conducir. Gracias a las cámaras, sensores y radares instalados en puntos estratégicos del vehículo, se obtiene información muy precisa y permanentemente actualizada del entorno y del interior del coche, que una centralita “lee e interpreta” para intervenir si es necesario. La intervención puede tener varios niveles: puede ser una alerta de peligro, visual o sonora, que irá de menor a mayor intensidad; de dicha alerta se puede pasar a una actuación autónoma sobre la dirección o los frenos si el peligro va en aumento o si no hay una reacción adecuada por parte de quien está al volante; y también existe la posibilidad de que el vehículo funcione de forma totalmente autónoma desde el principio hasta el final de una maniobra.

Ahora bien, a pesar de que algunos de estos sistemas avanzados de asistencia a la conducción tienen cierto nivel de autonomía -sin duda origen de los coches de conducción autónoma parte en buena medida de ellos- no hay que olvidar nunca que la responsabilidad de lo que sucede en el coche es de la persona que conduce. Por eso, siempre hay que mantener la atención en la conducción y en el entorno del vehículo.

Entre los ADAS más destacados se encuentran los siguientes, teniendo en cuenta que los siete últimos ya son obligatorios para los automóviles de nueva homologación:

1. Asistente de ángulo muerto

A través de un indicador luminoso, normalmente en el retrovisor exterior, se avisa de la presencia de otro vehículo en ese lado. Si se acciona el intermitente, el destello puede ser más intenso e ir acompañado de un pitido.

2. Asistente de aparcamiento

Sería el claro ejemplo de un ADAS con funcionamiento autónomo. Cuando la persona que conduce activa el sistema, éste busca en su entorno una plaza de aparcamiento en la que quepa el coche. Una vez localizada, manda un aviso de dónde hay que detenerse para empezar la maniobra y, a partir de ahí, la ejecuta hasta que el vehículo está perfectamente estacionado. En algunos casos incluso se puede controlar el estacionamiento desde fuera del coche, con una aplicación en el móvil.

3. Sistema de frenada de emergencia

Existen diferentes sistemas, aunque el principio básico es similar en todos ellos. Se detecta un obstáculo -peatón, ciclista u otro vehículo- y el sistema avisa. En caso de no haber reacción, se activan los frenos para detener el vehículo y evitar la colisión.

4. Asistente de velocidad inteligente con reconocimiento de señales

La cámara del coche lee las principales señales que encontramos al circular y las reproduce en el cuadro de instrumentos. En el caso de las señales de velocidad máxima permitida, se envía la información al control de crucero para que adapte el límite a la establecida en ese momento.

5. Asistente de cambio involuntario de carril

Este dispositivo se asegura de que el vehículo se mantiene siempre lo más centrado dentro del carril por el que vamos circulando. En el caso de acercarnos demasiado a una de las líneas que lo delimitan sin haber puesto el intermitente, el volante corrige levemente la trayectoria hasta devolvernos de nuevo al centro. En algunos casos incluso se activan los frenos para impedir que invadamos el carril contiguo si no hemos señalizado previamente la maniobra. Si el sistema detecta que no tenemos las manos en el volante, lanza un aviso para que lo cojamos de manera inmediata.

6. Detector de fatiga y somnolencia

Dependiendo de lo avanzado del sistema, puede usar desde sensores en el volante para detectar correcciones constantes y erráticas, contabilizar el tiempo de conducción ininterrumpido, e incluso analizar nuestra cara y ojos para identificar señales de cansancio e “invitarnos” a tomarnos un descanso durante el viaje.

7. Cámara trasera con detección de tráfico cruzado

Además de permitir una mejor visibilidad de la parte posterior del coche, este sistema nos advierte cuando se acerca un vehículo mientras vamos marcha atrás.

8. Preinstalación de alcoholímetro con bloqueo del vehículo

El uso de este dispositivo impedirá conducir a una persona que haya bebido más de lo permitido.

9. Caja negra

De modo similar a los aviones, la caja negra servirá para obtener más información sobre lo sucedido en los instantes previos a un accidente.